Este fin de semana me he sentido como un granjero del FarWest. De esos que de cuando en cuando regalaban su domingo a un vecino para construir un granero. Trabajaban con toda la comunidad, hombres y mujeres, para ayudar al progreso del que lo pedía. Unos construían los cimientos, otros cortaban listones de madera. Unos lo pintaban todo bonito, otros servían café. El afortunado no podía más que comprometerse para el futuro, en una cadena de favores que se convertía en herencia de generaciones.
O así lo ví en alguna película.
Pero este fin de semana lo he visto con mis propios ojos y he martilleado algunos clavos de ese granero. He estado en iWeekend, en la convocatoria de Madrid. Cincuenta emprendedores -o pretendientes a serlo- hemos puesto nuestros conocimientos, nuestra experiencia y nuestro tiempo libre al servicio de uno sólo. Philippe Lardy ganó nuestra ilusión con su propuesta de plataforma para inversores y entre todos montamos una start-up en un fin de semana. El granero se llama Emprendemás y ya puedes visitarlo, desde hace 5 horas cuando escribo esto. El resultado ahora mismo no es apabullante, ni mucho menos, por la complejidad del proyecto. Pero sí lo es el trabajo que hay detrás, y que irá dando sus frutos poco a poco. Empezando por un plan de negocio, un plan de marketing, un diseño de interacción que crece por fases y un back-end por testear pero que ya funciona.
En muchas empresas, la secuencia desde la idea al prototipo habría sido más o menos así: pelea de egos, lucha de jerarquías, amor ciego por los formalismos, retraso por papeleos y muchas, muchas, muchas reuniones. A Philippe le va a costar un gran esfuerzo sacarlo adelante, puede ser, pero tiene mucho más de lo que otros consiguen en semanas, cuando no meses.
Los demás nos llevamos una inyección de fé en nuestras convicciones. Las buenas ideas hay que trabajarlas.
Flipante el empuje de estos chicos y chicas.

